Aunque han tardado mas de una década, y a pesar del gran daño que ha ocasionado esta falsa afirmación en muchas familias en muchas partes del mundo, Andrew Wakefield y su artículo publicado en 1998 relacionando la vacuna triple vírica con el autismo, han perdido toda la credibilidad que le quedaba. Es increíble ver cómo un engaño puede traspasar fronteras y adquirir seguidores ciegos por donde pasa. Esperemos que con este fallo se abran muchos ojos y no se juegue con algo tan importante como es la salud de las personas.
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